Diciembre 2nd, 2011

En búsqueda del lector perdido


Las consecuencias de una crisis económica pueden ser insospechadas. Y así como en una guerra la primera víctima es la verdad, en una crisis la primera víctima es la creatividad. Gente acostumbrada a actuar de una determinada manera un buen día se sorprende al ver que ese accionar ya no funciona, pero no sabe qué otra cosa hacer, así que sigue haciendo lo de siempre. Quizás por eso la industria editorial española insiste en mirar hacia América buscando las ventas perdidas en España. “América será la salvación del editor español, hasta que aquí nos recuperemos” dijo hace unos días Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma. Días después, Ignacio de los Reyes, enviado especial de BBC Mundo a la FIL Guadalajara, escribiría: “Los lectores de América Latina también podrían salvar la temporada al sector editorial español, líder del mercado hispanohablante”. 
¿Y es que acaso el mercado americano es una suerte de caja chica de la industria editorial española? Parece que sí.  Como comenta Julieta Lionetti en una entrada de El ojo fisgón que aborda este tema, “América, la América hispánica, ha sido varias veces la salvación y también el hundimiento de la industria editorial española. Y la industria editorial española ha significado, en varios países, el hundimiento de las editoriales locales. La última década del siglo XX y la primera mitad de la de este, vieron llegar containers llenos de mercancías –eran libros, pero no eran tratados como tales– al peso a los puertos de Hispanoamérica. Exactamente como llegan baratijas chinas a tantos sitios. Ninguna diferencia.”.
Pero más allá de consideraciones éticas que no tienen por qué interesarles a todos los editores, hay razones de orden práctico relacionadas con la efectividad de la estrategia de cruzar hasta la otra orilla en búsqueda del lector perdido.  Uno de los obstáculos más evidentes es cómo el PVP de los libros aumenta cuando son importados a América. Tómese como ejemplo un par de libros de editoriales españolas independientes como Impedimenta y Errata Naturae. Sanshiro, novela del escritor Natsume Sōseki y publicada por Impedimenta, en España tiene un PVP de 21,95 euros mientras que en Uruguay es de 41 euros (1.067 pesos). Por su lado, La escultura de sí mismo, del filósofo Michael Onfray y publicado por  Errata Naturae, tiene en España un PVP de 20,90 euros que llega a los 38 euros (1.000 pesos) cuando se vende en Uruguay. 
El otro obstáculo es que un mercado atractivo como el argentino ya es abastecido por una industria local bien desarrollada y que está en capacidad de ofrecer una gama amplia de títulos que pueden satisfacer a los lectores más exigentes. Según el Informe completo 2010 de la Cámara Argentina del Libro, esta industria editorial publicó 22.781 novedades, de las cuales imprimió 60.070.101 ejemplares.  

Algunas ideas
Sin pretender dar lecciones a nadie y tan solo resumiendo las ideas que muchos otros ya han expresado, los agentes de la industria editorial española podría considerar las siguientes posibilidades para paliar los efectos de la crisis en su mercado local:

  • Reducir el número anual de novedades cuya ingente cantidad tan solo satura el canal de librerías y reduce el tiempo de exhibición de cada título a lapsos insignificantes. 
  • Desechar la insensata búsqueda del bestseller que permita alcanzar la meta de ventas mensual y anual. ¿Cuántos recursos no se invierten en tratar de encontrar o “fabricar” ese superventas que permita recuperar los recursos ya invertidos en otro supuesto bestseller?
  • Asociarse con los editores americanos para encontrar estrategias  que beneficien a todos. Por ejemplo, negociar una edición colombiana, una argentina y una mexicana  de algunos de sus títulos para así obtener un mejor PVP y un mejor posicionamiento en el mercado. Esta es una táctica que ya se ha empleado con éxito.
  • Buscar socios para potenciar o desarrollar la impresión por demanda. A esta altura parece increíble constatar que en muchos países de América sigue siendo más “económico” imprimir en offset que imprimir bajo demanda.  

Finalmente, no deja de ser llamativo que los editores españoles ignoren el tan anunciado cese de la publicación de obras de ficción y no ficción por parte del Grupo Editorial Norma. Puede acusarse a los directivos de Norma de avaros, peseteros e ignorantes que esperan que un libro rinda los mismos beneficios que un paquete de café, pero no deja de ser cierto que lo que señala la decisión de este grupo editorial es una ausencia crónica de lectores para determinado tipo de libro, ausencia que afecta a todos los libros, no importa de dónde vengan. 

Septiembre 24th, 2011

Ana María Aragón y el Campo Editorial de la Pontificia Universidad Javeriana


“Actualmente las editoriales nacionales son pocas y no saben muy bien qué tienen qué hacer con todo lo relacionado con la tecnología, de manera que algunas veces los estudiantes vienen con muchas ideas novedosas pero la organización ya está hecha de determinada forma y es poco flexible. Los estudiantes terminan encasillándose en una rutina de trabajo y es difícil que les dejen proponer cosas nuevas o promover cambios. Entonces algunas personas muchas veces dicen que la universidad no está formando profesionales para las necesidades de estos tiempos cambiantes pero también hay que ver que la empresa tampoco está preparada para incorporar y asimilar los cambios, de manera que en lo digital se improvisa mucho y finalmente no se consigue suficiente visibilidad.”


En El ojo fisgón y en Sobre Edición hemos querido dar continuidad a nuestro proyecto de colaboración con una entrevista a Ana María Aragón, coordinadora del Campo Editorial de la carrera de Comunicación Social en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Aunque realizada con anterioridad, la entrevista viene a publicarse en un momento en el que un reciente anuncio de Norma, emblemática editorial colombiana, ha sorprendido a los actores del mundo editorial de habla hispana. 
Aragón habla sobre la importancia de que los aspirantes a editor construyan un criterio que fundamente sus decisiones, los obstáculos que estos encuentran para su apropiada inserción laboral y otros asuntos relacionados con la profesionalización de la labor editorial.  

¿Cuál es el objetivo del Campo Editorial de la carrera de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Javeriana?
Ana María Aragón: El objetivo del Campo consiste en formar a los estudiantes como editores. Hacemos una formación en lo profesional que comprende tanto el uso de herramientas como todo lo que tiene que ver con la parte operativa del oficio editorial. También queremos hacer énfasis en la formación de un editor que reflexiona y que es crítico frente a los temas de la sociedad. Eso nos parece importantísimo. 
En la formación no nos gusta hacer distinciones entre diferentes soportes porque creemos que lo editorial es independiente del soporte en el que se trabaje. El énfasis está en los contenidos aunque teniendo en cuenta el soporte. Ahora muchas universidades le dan un lugar especial a lo digital en sus maestrías y especializaciones, que es algo que no tiene sentido porque no podremos decir “editor-papel” o “editor-digital”.

¿Qué tipos de conocimientos y herramientas adquieren los estudiantes en los cursos del Campo Editorial?
AMA: Es muy importante hacer que el estudiante construya criterios y defina algunos aspectos fundamentales: por qué publicar algo o por qué no, a quién va a estar dirigido lo que publica y cómo va a comercializarlo. Es lo más importante y lo más difícil porque, ¿cómo logras que los estudiantes o las personas en general construyan un criterio? Se trata entonces de un trabajo a largo plazo que parte de la intención de lograr que los estudiantes lleguen a tener un criterio que les permita evaluar un contenido.
Ya en lo operativo, los estudiantes aprenden a hacer corrección de estilo y aspectos básicos de la diagramación —equilibrio en la página, tipografía, teoría del color, etc.  Los estudiantes también alcanzan a aprender algo sobre impresión y gestión —cómo hacer un presupuesto y cómo funciona la comercialización. Además, estudian lo relacionado con los derechos de autor y con la propiedad de las obras y aprenden a manejar las herramientas de edición tanto para papel como para pantalla.
Tratamos de dar un contexto en lo estético porque es necesario que los estudiantes vean que aunque el gusto importa, también hay que seguir algunos criterios. Hay clases en las que el estudiante aprende a ver lo que transmite una imagen y a construir una riqueza estética observando el arte, la literatura y el cine y viendo qué ha pasado con los nuevos medios. En esta pequeña formación les damos a los estudiantes un poco de todo lo que debe aprender y saber un editor.
También hay especialidades dependiendo de lo que el estudiante prefiera: hacer un libro de arte, editar un texto escolar, programación de juegos o animación digital. De acuerdo con sus capacidades los estudiantes pueden entrar a cualquiera de estos laboratorios, que son más especializados. Les presentamos el panorama, los roles y las partes del oficio. Pero para formar a un editor pasan años…
Esta es una especie de introducción al quehacer editorial pero es cierto que nuestros estudiantes salen con unas competencias que los de otras carreras no tienen. Y esas competencias son herramientas importantes. Pero los contenidos y la calidad de estos son aún más importantes.


¿De qué manera los cursos del Campo Editorial contribuyen a reforzar aquellos aspectos de los oficios relacionados con la actividad editorial que los profesionales sólo pueden aprender mediante la práctica?
AMA: Mediante algunas clases que son de laboratorio, cuya metodología consiste en reproducir lo que sucede en una editorial. Por ejemplo, hay un comité editorial y los estudiantes deciden por qué van a publicar algo, hacen la armada —aunque no sean diagramadores— y montan la pieza. La evaluación casi siempre se hace mediante un proyecto editorial que los estudiantes deben presentar y sustentar ante sus compañeros y profesores. Hay clases en las que en un primer momento se presentan dos proyectos para que los estudiantes decidan cuál de ellos van a desarrollar a lo largo del curso. Luego hacen una entrega final con jurados, que por lo general son externos. Lo importante es que los estudiantes aprendan a presentar un proyecto y a defenderlo con argumentos.

¿Cómo definiría usted el perfil del profesional que necesita actualmente el sector editorial?
AMA: Este profesional debe ser una persona muy curiosa, sensible, observadora y centrada en la realidad. Que al decidir hacer un proyecto sepa cómo va a hacerlo. Cuando alguien dice ‘voy a hacer una revista’ hay que preguntarle cómo va a hacerla y de qué manera va a financiarla. Por otro lado, es necesario que este profesional sepa mucho, que tenga una cultura amplia y que le gusten disciplinas relacionadas con el ámbito de la cultura como el cine, la literatura, la música, la fotografía, etc. También es importantísimo que conozca muy bien todo lo que tiene que ver con lo gráfico y con la imagen.
Debe ser un buen gestor y una persona que no sólo sepa trabajar con los demás y armar equipos de trabajo, sino que también tenga mucho olfato para saber lo que quiere y de quién va a rodearse.

¿Cree usted que los cursos del Campo Editorial y las actividades paralelas que se proponen en él de manera complementaria están ofreciéndoles a los estudiantes los conocimientos necesarios para comprender las transformaciones que está sufriendo el sector editorial y enfrentarse profesionalmente al panorama que se está configurando gracias a estas?
AMA: Los estudiantes están al día con respecto a lo que está pasando en el campo de la tecnología. A mí me asusta un poco que se haga tanto énfasis en la tecnología porque esta per se no produce los cambios ni hace las cosas. Estamos hablando en gran parte de dispositivos en los que va a haber contenidos. Hay que saber manejar los dispositivos y los programas de estos, eso es importante. Pero lo más importante es saber qué contenidos hay que hacer para los diferentes dispositivos. Para la industria editorial la tecnología se convierte en un elemento de vértigo que genera unas grandes expectativas con respecto a todas las maravillas que podemos hacer, cuando en realidad entre el libro en papel y el libro digital no ha habido mayores cambios. Sólo ha cambiado el formato. El formato digital como tal para hacer un libro aún se encuentra en una fase de exploración. Y no se llamará libro, se llamará de otra manera. Me preocupa un poco que los estudiantes se queden pensando sólo en las maravillas que podemos hacer con la tecnología o en copiar todas las cosas que se están haciendo afuera, que es lo que casi siempre pasa.
En el Campo se hacen charlas sobre el oficio del editor a las que invitamos a gente que no necesariamente está tan metida de lleno en lo editorial. Invitamos, por ejemplo, a un fotógrafo que hace documentales porque su trabajo puede servir para el desarrollo de un proyecto. En la charla de mayo invitamos a un editor de música que ha impulsado el movimiento de la cumbia en Colombia. Tratamos de que nuestros estudiantes aprendan muchas cosas de manera que tengan un panorama muy amplio que no se limite sólo al trabajo de hacer libros en papel o en formato digital en una editorial. Queremos que el estudiante tenga un perfil muy amplio porque esto abre sus perspectivas laborales a futuro y le permitirá incluso pensar en abrir su propia empresa.

¿Qué porcentaje de los estudiantes de la carrera de Comunicación Social entra al Campo?
AMA: En este momento en la carrera hay 1.500 estudiantes, de los cuales el 10% entra al Campo. Uno se da cuenta también de que hay muchos estudiantes que terminan en el Campo pero que no tienen el perfil necesario para ser editores.

¿Cree que los cursos del Campo Editorial y las actividades paralelas que se proponen en él de manera complementaria están ofreciéndoles a los estudiantes los conocimientos necesarios para desempeñar los nuevos oficios que están apareciendo gracias a la emergencia de lo digital?
AMA: Definitivamente es importante estar al tanto de lo digital pero, como te dije antes, eso no lo es todo. Por ejemplo, ahora hay una clase en el Campo que se llama “Informática para la actividad editorial”. Este curso ha evolucionado mucho porque inicialmente la daba un egresado de la carrera de Comunicación Social que les explicaba a los estudiantes qué era un computador, cómo estaba hecho y de dónde había salido. Luego en otra clase abrían un computador, veían las piezas y los estudiantes aprendían más o menos a manejar Dreamweaver. Después pasamos a desarrollar proyectos que tenían que ver con lo digital y en los que los estudiantes terminaban armando páginas Web tras recibir la formación necesaria para ver la importancia de la arquitectura de la información, de la usabilidad del sitio, de la parte informática, de las bases de datos y del lenguaje digital.
Ahora la nueva profesora del curso va a ser una egresada del Campo que trabaja en la revista SoHo y que planea enseñarles a los estudiantes a editar video, a hacer animación y a redactar porque a ella en su trabajo le toca hacer todas estas cosas. Mientras más herramientas conozcan los estudiantes y más lenguajes manejen, mejor. Tienen que meterse en edición de sonido y de video, en fotografía, en programación y en temas como las redes sociales, la cantidad de tráfico que tiene una página Web, la analítica de las estadísticas de visitas, etc.
Actualmente las editoriales nacionales son pocas y no saben muy bien qué tienen qué hacer con todo lo relacionado con la tecnología, de manera que algunas veces los estudiantes vienen con muchas ideas novedosas pero la organización ya está hecha de determinada forma y es poco flexible. Los estudiantes terminan encasillándose en una rutina de trabajo y es difícil que les dejen proponer cosas nuevas o promover cambios. Entonces algunas personas muchas veces dicen que la universidad no está formando profesionales para las necesidades de estos tiempos cambiantes pero también hay que ver que la empresa tampoco está preparada para incorporar y asimilar los cambios, de manera que en lo digital se improvisa mucho y finalmente no se consigue suficiente visibilidad.

¿Está el sector del libro en capacidad de absorber a los profesionales que se están formando en el Campo Editorial?
AMA: Actualmente no hay suficiente oferta de trabajo. Pero como los estudiantes salen con tantos conocimientos, no necesariamente salen a trabajar en editoriales. Entran a trabajar en empresas de todo tipo donde hay publicaciones o en las que se necesita manejar la comunicación interna o externa porque al fin y al cabo siguen siendo comunicadores sociales.

¿Se hace un seguimiento a la trayectoria profesional de los egresados de la carrera de Comunicación Social que han cursado el Campo Editorial?
AMA: Como los egresados de la carrera que han pasado por el Campo no son muchos —hay alrededor de 230—, estoy más o menos al tanto de lo que están haciendo actualmente. En la página de Facebook del Campo está la mayoría de los estudiantes y de los egresados. Yo creería que un 70% de los egresados está trabajando en el sector de lo editorial. Hay pocos que tienen su propia empresa y la mayoría son empleados.
Estamos haciendo una base de datos de egresados en parte para ver qué tan pertinente es armar la maestría y si hay posibles interesados en continuar con esta.

¿Cuáles son las condiciones que favorecen y dificultan la inserción laboral de los egresados de la carrera de Comunicación Social que han cursado el Campo Editorial?
AMA: Una condición que favorece la inserción laboral es el hecho de que los egresados tengan muchos conocimientos en diversas áreas —aunque algunas veces los ponen a hacer muchos trabajos por unos salarios muy bajos y, por lo tanto, hay un poco de explotación laboral. Algo que no es bueno es que en ocasiones los egresados tienen muchos conocimientos pero muy superficiales. En sus trabajos los ponen a diseñar pero no son diseñadores y los hacen programar sin ser programadores. Y ahora con los programas de edición y de montaje de páginas Web todos se creen editores, diseñadores y gestores de contenido.  Hace falta mucha más profesionalización y que lo editorial se haga con más cuidado y con menos improvisación.
En ocasiones los editores terminan siendo coordinadores editoriales que están supervisando una serie de procesos pero su intervención para mejorar el contenido no existe. Ciertos editores no contribuyen a mejorar el contenido para que este llegue más fácilmente al receptor. A veces parece que los editores fueran los enemigos del libro. Y luego también hay que tener en cuenta que la gente cada vez lee menos.

¿Existe la posibilidad de que en un futuro el Campo Editorial deje de formar parte de la carrera de Comunicación Social y se convierta en un posgrado?
AMA: El Campo Editorial va a seguir formando parte del pregrado porque es financiado bien sea por otros campos de la carrera a los que entran más estudiantes o bien por estudiantes que toman materias nuestras pero que no van a salir como editores. Quisiéramos convertir la formación del Campo en una maestría porque creemos que una formación especializada en edición debe llevarse a cabo en cursos de posgrado.

Junio 24th, 2011

Entrevista a un editor: Istvansch

“Siento que hoy se producen todos los proyectos que cada artista elabora… eso debería ser una hipérbole y no lo es, digo todos porque son todos… un artista debería escribir o dibujar un montón de ideas para elegir entre todas, cuál es la que vale la pena publicar. Hoy se escribe una página y se manda al editor, se escribe otra y se manda, se escribe una tercera y se manda, eso no es creatividad, eso es no tener vergüenza…”

Istvansch (Istvan Schritter) es ilustrador, diseñador, escritor y editor. Comparte su trabajo como autor con su labor como director de las colecciones Libros-álbum del Eclipse y Pequeños del Eclipse, y con su dedicación a la reflexión sobre los libros para niños. Dada su experiencia, Sobre Edición le preguntó su opinión sobre la función de la crítica de libros para niños y jóvenes, la influencia del mercado en la edición, cómo se edita un libro ilustrado y algunas cosas más.

En tu conferencia “Álbum y papelitos de colores. Una advertencia contra la banalización del género” (2008) hablas de la ausencia de una crítica que contribuya a regular la calidad y, por ende, la cantidad de los títulos publicados en Argentina. ¿Consideras que sigue siendo así?
Istvansch: Absolutamente, sigue siendo una carencia la verdadera crítica en Argentina. Hay gente muy capacitada para hacerla, pero los medios siguen sin darles acceso, o sólo dan acceso a las críticas positivas o tibias.
En los medios masivos no hay verdadero análisis de los libros infantiles, sólo reseñitas descriptivas que no valen siquiera para hacerse una idea de qué trata la obra y que apenas transcriben una parte de la contratapa o de la gacetilla de prensa que manda la editorial.

¿Cuál debe ser la función de la crítica de libros para niños y jóvenes?
Istvansch: En un mercado que crece con semejante desmesura, la crítica, a través de su opinión sincera y descarnada, debería hacer razonar a escritores, ilustradores y editores sobre su obra, marcar los aciertos y los desaciertos, los errores, los hallazgos, la presencia de la innovación y del estereotipo. Afinarles la mirada y hacer que reflexionen sobre la propia producción. Tal vez ese reflexionar detenga -o, al menos, calme- la compulsión a publicar porque sí, por querer “tener un nuevo libro publicado” porque el mercado lo permite, entonces se alimenta al mercado… y así se llenan los anaqueles de libros efímeros y descartables, que incluso invisibilizan a libros innovadores, perdidos en el maremágnum de novedades.
La crítica debería cumplir su función de ayudar a repensar al artista, llevarlo a reescribir o redibujar. El camino de la reescritura (tantas veces soslayado en pos de la urgencia) debería ser arduo y llevar a que cada creador evalúe qué destinar a ser publicado. 
Siento que hoy se producen todos los proyectos que cada artista elabora… eso debería ser una hipérbole y no lo es, digo todos porque son todos… un artista debería escribir o dibujar un montón de ideas para elegir entre todas, cuál es la que vale la pena publicar. Hoy se escribe una página y se manda al editor, se escribe otra y se manda, se escribe una tercera y se manda, eso no es creatividad, eso es no tener vergüenza…

Tomando en cuenta que eres autor, ¿cómo concilias ese rol con el de director de las colecciones Libros-álbum del Eclipse y Pequeños del Eclipse?
Istvansch: Lo tomo con mucha naturalidad, me gusta mucho el trabajo creativo y la docencia, y creo que las colecciones que dirijo son, en su conjunto, una creación… quiero decir: una creación integrada por libros de autores diversos pero que como conjunto ha salido de mi mano, y es allí en donde tiene que ver mi pasión por la docencia: siento que sé explicar cuándo un proyecto no marcha, cuándo necesita cambios y cuáles deben ser, todo en función de esa idea general que tengo de la colección como un cuerpo creativo vivo y en evolución constante, a quién le conozco el pulso.
Los autores (cuando me refiero a autores quiero decir siempre tanto escritores como ilustradores) son siempre muy receptivos cuando una opinión sobre su obra no pretende imponerse sino que es justificada y puesta a consideración. Compartimos mucho tiempo analizando entre todos qué es lo mejor para cada libro, sin apurar nada pues los tiempos de maduración del libro deben respetarse: nunca pongo fecha de salida de un libro que no esté absolutamente terminado.
Para entender esto me viene muy bien mi lugar de hacedor de libros como autor, porque sé que lo que quiero para mis libros (a los que nunca apuro) es lo que cualquier libro quiere: calma, tiempo de maduración (si es necesario, años), reescritura y redibujo, cuidado, esmero, mimo, alegría de hacer.

¿Cómo se edita un libro ilustrado? ¿Qué diferencia puede haber respecto al trabajo realizado con un libro que solo tiene texto?
Istvansch: En el libro ilustrado hay que tener el ojo muy atento a cómo se construyen las elipsis y los silencios tanto en el texto y en la imagen para que ningún lenguaje se superponga al otro. Hay que evitar redundancias que tiene que ver con que el texto no repita algo que el dibujo ya dice, o que el dibujo no diga algo que sólo le corresponde decir al texto. Creo que ahí están las diferencias principales con un libro sólo de texto: en un libro ilustrado (y sobre todo en el álbum) el “texto” se construye entre la palabra y la imagen.

¿De qué manera el mercado influye en la calidad de los libros-álbum?
Istvansch: Su voracidad influye obligando a la superproducción, eso raramente puede ser bueno para el género.
Su presencia cada vez más fuerte y su dinamismo influye haciendo que haya cada vez más lectores que se  fascinan con el género, eso es bueno pues –siendo un género tenido por mucho tiempo como “menor” – cada vez está menos marginado y más respetado.
Es un arma de doble filo… Preferiría un mercado más a la antigua: más sereno y reposado, con menos cantidad y más calidad. Un mercado de aldea chica, en donde el viajero descubre un tesoro y lo lleva a su propia aldea después de un viaje de días… y la novedad camina más lento… y puede degustarse con más calma…

¿Cuáles son las cualidades imprescindibles que debe exhibir un autor para que su trabajo sea de calidad?
Istvansch: Isol lo dijo de manera brillante una vez: opinión. Eso es lo más difícil de tener y lo que lleva a la calidad. 
En segunda instancia podría decirse que estilo, voz propia, desprejuicio, necesidad de aventura, carencia de autocensura, obsesión por el trabajo, necesidad de producir conflicto.

¿A qué llamas “papelitos de colores” cuando te refieres a los libros-álbum?
Istvansch: A todo aquello que es apenas un buen trabajo de imprenta pero que en el momento de la lectura se descascara en su ausencia de carácter, en su pretensión de aportar soluciones o en su deseo ex -profeso de aleccionar o educar.

¿Debe un autor aspirar a vivir de lo que publica?
Istvansch: Tiene todo el derecho, pero debe saber que el camino es arduo y desconfiar si le resulta demasiado llano.

¿Cuáles son los temas que deben abordarse en los congresos sobre libros y literatura para niños?
Istvansch: Todos los temas deben abordarse, lo que debiera asumirse es que no hace falta “introducir el tema” cada vez, por aquello de “aquellos que por si acaso lo escuchen por primera vez”… habiendo ya bibliografía escrita, se puede avanzar un paso más en cada congreso hacia la profundización de los temas, y confiar en la gente que sabrá resolver las eventuales lagunas a través de las preguntas o de la lectura de bibliografía.
Además otra cosa: los especialistas (escritores, ilustradores, investigadores) somos constantemente invitados a dar charlas en todo el país, en colegios, bibliotecas, centros culturales. Cada una de esas veces uno introduce el tema para aquellos que recién lo descubren. Ergo, sería bueno relajarse y dejar que eso siga pasando en esos espacios, entonces en los congresos nacionales e internacionales (adonde usualmente concurren estos alumnos que ya pasaron por las charlas “introductorias”), lanzar nuevos temas de debate, nuevas exploraciones y descubrimientos.

Mayo 24th, 2011

Sexto Piso es una editorial mexicana, con oficina en España (no al revés), que publicó sus primeros títulos en 2002. Desde ese momento su catálogo ha crecido con coherencia a la vez que ha reflejado el deseo de sus editores por apostar por la buena literatura, el ensayo y, más recientemente, por los libros ilustrados.
Da la casualidad que Diego Rabasa, uno de los editores de este sello, se encuentra participando en un curso sobre negociación de derechos de autor en el entorno digital organizado por el Cerlalc en Montevideo, Uruguay, con lo que se dio la oportunidad de que conversara con Sobre Edición acerca de Sexto Piso, el sentido del término “independiente” aplicado a las editoriales y las nuevas tecnologías.


Mayo 13th, 2011

Alternativas, independientes o culturales, nadie conoce el término que, unívoco, sirva para calificar y abarcar todos los modelos que distintos editores han adoptado para el desarrollo de sus proyectos editoriales.

Miguel Balaguer, quien junto a Valentina Rebasa dirige la editorial argentina Bajo la luna, en una breve conversación con Sobre Edición aventuró un término más: interdependiente, aludiendo al hecho de que editoriales como la suya cooperan con otras* a fin de sumar recursos y así lograr una mayor presencia (participación) en el mercado.

¿Mejor distribución, mayor promoción, más creatividad? Si una editorial desea que sus libros sean vistos, luego comprados y, el colmo del éxito, leídos por los lectores debe lograr esto y más, pues la demanda de novedades no parece crecer, ni siquiera en Argentina, al mismo ritmo de la oferta

*Editorial Cactus, Caja Negra, Eterna Cadencia, La Cebra, Libraria, Tinta Limón.

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